Dando saltos me envolvió como la noche,
delicado bailó sobre mí en una sonrisa tibia
y se hizo un trazo de pintura fresca en mis labios.
Estaba perdida mi vida en una hoja de otoño,
los sonidos de las distancias y los encuentros constantes
eran látigo y vino, látigo y vino.
En sus manos era yo santificada, fresca y única,
sus pupilas cabalgaban en mis ojos como potros alegres
y llovía un no se que de esperanzas grandes.
No era perfecto, era tal cual lo soñé,
sus manos volaban al ras de mi cuerpo y unas cosquillas
me convertían en agua de río, en ola de mar.
Yo era un punto de luz en lo alto,
él era canción de penas y sonrisas, pero era él, así,
como la tierra, auténtico como este aire que me permite la vida.
Esta escrito su beso en la roca, tallado con calor y frío
el abrazo se perdió en el tiempo, mas, el tiempo sigue siendo amigo.
1 comentario:
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