El eco de mi voz se hace recurrente, una docena de aposentos es demasiada tortura. El techo se alza más alto que de costumbre y las paredes se ensanchan, el blanco que las cubre no brinda la paz que debería a esta casa vacía.
Tras la ventana, de cuando en cuando un auto, una moto. Pero más allá de mi eco, todo es silencio. La luz de las bombillas no alegran los jardines ni el patio, las lámparas de noche no adornan las camas ni los espejos. La escalera se hace gris en sus peldaños que no me animo a decender en esta casa vacía.
(Norma Zegarra) garabatoscuentosypoesia.blogspot.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario