No logro explicar con palabras esa punzada, que de cuando en cuando duele en el justo medio del corazón.
Ocurre en cualquier momento, sucede en cualquier lugar, cuando miro tus plantas, cuando escucho a Eros cantar.
La sensación de una espina clavada en la aorta, el corte de la guadaña, la oz de la Parca o la insatisfactoria evocación de tu cariño que no me viene a visitar.
No logro descifrar el dulce amargo, la alegría-tristeza, la sonrisa-lágrima que rasgan la lengua y van formando un callo de pena que asfixia, sólo de cuando en cuando.
Por eso me duermo de lado y espero al acostarme, tu mano. Te doy las buenas noches esperanzada en que quizás mañana dejarás tu olor en mi almohada. (Norma Zegarra)

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