La ronda vigilante de buitres anticipa la caída de una era, anuncia el respiro y estornudo de la esfera.
Las aves de rapiña y su ondulante vuelo nos muestran aleteos de temor y duelo, calles regadas de muerte y desconsuelo.
Las horas y los días se extraviaron en el camino. El día y la noche se unieron al mismo destino, porque ¡los perros ladran Sancho! ¡ay, pero nadie avanza!
Los buitres se reúnen, huelen a costra y carne viva. Ellos ya oyeron las trompetas y preparan la saliva. (Norma Zegarra Zegarra Mayurí)

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