Todo se detuvo. De ser nuestra guadaña, pasó a ser nuestro esclavo el tiempo. Somos náufragos en nuestras islas de cemento. Somos como el agua estancada que pronto será hábitat de insectos. Somos puntos de arena a la deriva... todo es incierto.
Las rodillas están cediendo, los sesos inventando y reinventando historias para no morir en el intento.
Ya no sucumbimos ante el tic tac del reloj. Ahora somos una mezcla de gritos y silencios, un mortero de tedio, esperanzas y desazón.
Todo se detuvo. Las bocas están selladas, el triángulo de la muerte hace honor a su nombre, más, los ojos se destapan y son testigos de un mundo que cae a pedazos, donde nuestros pasos tientan sobre cuerda de equilibrista.
El calendario es ahora un rompecabezas de mil piezas, y todas ellas tienen la mismas hendiduras, las mismas curvas, las mismas formas.
Todo se detuvo. El corazón se hizo de hojalata, el amigo un intruso, la palabra una lanza, mientras las hojas de otoño siguen su curso en el viento del destino. (Norma Zegarra Mayuri

No hay comentarios:
Publicar un comentario