Hoy te maté, te asesiné
Y no fue tu sangre la que derramada me inundó.
Fue más bien tu recuerdo.
Eliminé los rastros, las palabras, los besos,
las tardes de dulce invierno, las caricias, los versos.
Hoy te maté, te asesiné, decidí acabar con la tormenta
del calmado mar negro de tus ojos, y arranqué tu leve sonrisa,
permanecí con los ojos cerrados, para no ver tus restos,
fui a favor de mi instinto, eras tu o yo, eran tus historias o mi vida
y así de un soplido, o quizás dos, desgarré de mi piel, tu piel.
Hoy te maté, te asesiné,
Yo misma no me conozco, no sabía de lo que era capaz,
fuiste tanto tiempo un todo y yo casi nada, que me cuesta creer,
que hoy te maté te asesiné y no me siento culpable, pues, aquella tarde gris de tu adiós inexplicable, tu ya me habías matado, me habías asesinado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario