Cuando ella corre hacia mí, ocurre un milagro, se extienden mis brazos como ramas de Abedul, se expande mi pecho cual granada madura.
Mientras ella apura su paso de niña a darme la bienvenida, mi usual mirada triste cambia de rumbo, se dibuja la sonrisa, se alegra mi mundo. Y todo es por tu causa, Ana Lucía.
Cuando ella finalmente me abraza y luego mis manos la alzan para hacerla jugar, mi corazón se emociona, ella es tan fácil de amar.
Entonces me regala una sonrisa y luego una risa que desarma mis escudos. Es tan pequeña y vivaz, es tan pícara y graciosa. Ella es una niña tan hermosa.
Cuando ella corre hacia mí, ocurre un milagro, se extienden mis brazos como ramas de Abedul, se expande mi pecho cual granada madura. Y todo es por tu causa, Ana Lucía. (Norma Zegarra)
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