Su olor a libros y madera, su voz serena, viril y clara, su sonrisa, su palabra, hacen de él mi ser especial.
Me da la libertad que por siglos he buscado, me entrega los dones que jamás le he pedido, me brinda el tiempo esquivo que Dios no le ha otorgado.
Sus manos que han abierto caminos agrestes, siguen siendo atentas con mis mejillas y mi torso. Sus labios que tanto han orado, siguen abrigando mi boca en cada beso de fuego... Así es mi ser especial.
Me recita poesía en sus actos cada día, me abraza de realidad en su silente valentía.
Sus ávidas sienes que cobijan mis dedos después del amor, desafía las penas, al tiempo y el dolor porque tiene siempre guardada para mi una nueva canción.
Me acurruca en sus alas con un ósculo en la frente y entiende que hemos culminado la asignatura pendiente. Y entonces reafirmo, él es mi ser especial. (Norma Zegarra)
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