Pesan los párpados, cuesta la respiración, y aunque las horas pasan lentamente, los días transcurren de manera veloz.
Siento el ahogo de la muerte por las noches, no hay desahogo en las mañanas, sólo premonición.
Pesan los párpados, se cierran como telón de última función, se apagan las luces y el bullicio acaba. Dentro de mis ojos...la nada.
No dan los dedos al escribir, no reacciona la mente para pensar, todo es confuso. El hablar algo difuso.
El murmullo del mar me indica que aún mi cuerpo late tibieza. Más, la náusea de la depresión es obsesa y me tumba, se regocija sobre mi pecho abierto.
Pesan los párpados, cuesta la respiración, se entumece la lengua, percibo el aliento de ayer.
A quien tenga entendimiento le digo, que si he existido alguna vez, será mejor no saber, porque los oídos me queman de tanto que he escuchado. Sin embargo, nadie ha notado que la embarcación se hunde. El silencio es bueno supongo, para poder morir en paz. (Norma Zegarra)
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