En esta capilla austera reina un silencio impregnado de paz. Aún no han llegado los devotos y solo un vientecillo de primavera se cuela por las ventanas.
Yo no quería confesarme, yo no busqué este lugar, fue más bien un llamado de quietud y soledad.
No hay sacerdote, ni música que escuchar, no hay sermones, ni padres nuestros que orar. Sólo calma, nostalgia y una pena que sanar. (Norma Zegarra)

No hay comentarios:
Publicar un comentario