Estoy muerta y nadie me avisó.
Ahora entiendo las nubes en mis ojos y la humedad en las mejillas. Ahora descubro porque nadie me veía mientras yo los observaba, y siento con tristeza que de nada sirvieron mis dibujos salpicados de alegría, de nada valió mi blanca y negra poesía.
Estoy muerta y nadie me avisó.
Ahora entiendo los parques sin aroma de flores, ahora me doy cuenta del sin sabor de las frutas, de las noches sin sol ni luna. Ahora descubro porque aquel sentimiento de soledad en medio de la gente, y siento algo de nostalgia por aquellos ángeles de tierra que pude conocer.
Estoy muerta y nadie me avisó.
Estoy muerta y nadie se ha dado cuenta.
Estoy muerta y nadie vendrá a visitarme.
Ahora entiendo, de la sonrisa que nunca terminó de cuajarse en mi boca. Ahora comprendo de aquel que nunca me amó... No era su culpa. Yo estaba muerta y nadie me avisó. (Norma Zegarra)
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