Cuesta despedirme sin que aún te hayas ido del todo, duele saber que no he de verte más, pero ya no puedo ser sólo una estrella fugaz... Sólo tu amor de momentos.
Me pregunto ¿dónde estará el café de tus ojos para entibiar mis noches frías, ¿dónde tu voz que solía acariciar mis oídos usualmente sordos a los demás?
Me desligo de tu imán que apabulla, el sol y la luna se desploman de una sola vez, pero ya no puedo ser herida que sangra sin descanso... Sólo tu amor de momentos.
¿Dónde guardarás ahora ese
beso imprudente tan tuyo, ¿en qué estación irá tu tren a parar cuando yo haya despertado? ¿De qué servirá pensarte, si seré invisible a tus ojos?
Cuesta despedirme sabiendo que no me escuchas. Tu lejanía lastima al igual que granizo de invierno a nuestro nido. Pero ya no puedo ser de acero... Sólo tu amor de momentos.
Y no mal entiendas mis torpes palabras. Nada te reprocho. Es mejor que ya no gires hacía mí, pues, el tesoro de tiempo que pensaba regalarte, ha sido saqueado y no volverá jamás.(Norma Zegarra)

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