Ahora sabes a roca. Son insípidos tus labios, insulsa tu piel. Perdiste ese gusto adictivo que solías dar al paladar. Eres ahora como una roca ígnea que inútilmente raspa mi escudo.
Perdiste tu aroma. Eres como el acero, inodoro, más bien, produces una reacción química en mi piel que ya no es grata. Eres ahora el resultado de mi anosmia, no busca más detrás de tu oreja mi traviesa nariz.
Se extravió la voz. Tu capacidad vocal se extinguió. No intento descubrir qué trata de explicarme tu boca. No logro escuchar ni un susurro de tu lengua marchita que se estrangula.
Perdiste la visión. Tu ceguera te impidió ver cuando me marchaba. No miraste mis ojos, ni mi aura, ni el sudor en mi afiebrada espalda. Anduviste por el mundo con las córneas empañadas. Por todas esas carencias tuyas, no pudiste descubrir que ahora estoy acorazada. (Norma Zegarra)

No hay comentarios:
Publicar un comentario