El aroma único del amor siempre me ha envuelto igual que el olor de los libros abiertos o la fragancia de las gardenias.
A veces de madrugada, percibo el terco perfume de tu tibia piel flotando en la habitación, siendo nuestros lienzos, los únicos testigos.
El aroma del amor siempre me llama. Me atrae con el magnetismo irremediable de tu seducción, y nuevamente caigo rendida ante tus ojos brunos, e tu cama en impregnada con tu olor.
Pero, entonces despierto en sobre salto con la humedad de la caricia y el brío en el corazón, más, como lluvia en el mar, el aroma del amor se ha diluido, el aroma único del amor se ha desvanecido en tu incomprensible adiós. (Norma Zegarra)

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