Si no te vuelvo a ver por esas tretas del destino,
lee la carta que dejé en mi habitación. No tiene perfume, ni pétalos de rosa, sólo párrafos torpes que intentan ser poesía.
Si no te vuelvo a ver tras este encierro que nunca imaginamos, asomate por mi ventana y verás lo que yo veía.
Aquellas bugambilias alegres adornadas de nidos nuevos, como aquel que tú y yo ansiamos construir.
Si no te vuelvo a ver, y acaso se hayan secado mis lágrimas en algún paraje solitario. Recorre mi habitación por sus cuatro costados. Si observas bien, hallarás nuestras risas en las paredes, olerás nuestros sudores en la cama destendida y en el espejo encontrarás mis ojos adorándote con pasión y ternura, casi como un sol que en invierno entibia y cura.
Si no te vuelvo a ver por algún capricho de la vida terrenal, deja sobre mi buró alguno de tus versos, esos que nunca te animaste a revelar. Porque alguna tarde de silencios como ésta, mi espíritu volverá a la habitación que guardó tus recuerdos, y aunque entonces sólo será quizás un olvidado cascarón como mi cuerpo yerto, será el mejor lugar de la casa para decirte ¡cuánto te amé! (Norma Zegarra Mayuri )

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